Artículo de Andy Puddicombe de Headspace.
Traducido por Judith Janssen.

Como monje mi entrenamiento preliminar fue reflexionar sobre cuatro cosas: la preciosa existencia humana, la impermanencia, la causa y efecto y el sufrimiento. Nos dieron un mes para sentarnos con cada uno de ellos. ¡Te puedes imaginar la clase de atención que se les dio! Son verdades eternas. Si llegamos a entenderlas, no como conceptos, pero en nuestra experiencia directa, habremos transformado nuestra perspectiva de la vida en su totalidad. Y nunca en la vida son más relevantes que en el embarazo.

De hecho, si vemos el embarazo a través de estos cuatro principios - para que podamos apreciar el valor de la vida humana; descansar en la incertidumbre del cambio; aceptar las consecuencias de nuestras acciones; y abrazar las luchas con que nos enfrentaremos - estas enseñanzas cubrirán todas las eventualidades. Sin excepciones.

El primer fundamento: la preciosa existencia humana

Se trata de una experiencia extraordinaria, milagrosa y alucinante: ver como un niño entra en el mundo. Y luego, en las semanas que siguen, cuando ves al bebé tumbado en la cama - para un cambio de pañal o una siesta con mamá o papá - nos damos cuenta de que si lo dejaríamos allí, boca arriba, mirando el techo, que no sería ni siquiera capaz de darse la vuelta sin nosotros, no sería capaz de comer ni beber por sí mismo. Tal vez el valor de la vida humana nunca es más evidente que en ese momento.

Este fundamento invita a que utilicemos esa conciencia para abarcar toda la vida humana. Si reflexionamos seriamente sobre lo precioso de todo - y no dar nada por sentado - ponemos una atención aguda a la vida. Vemos su tejido, su detalle, su incertidumbre y nuestra vulnerabilidad dentro de la imágen completa. Esta es la esencia de la atención plena, el mindfulness.

El segundo fundamento: la impermanencia

Todo cambia. Esto es un hecho indiscutible. Sin embargo, muy a menudo vivimos nuestras vidas como si esta simple, eterna verdad no fuera cierto. Al hacerlo nos causamos a nosotros mismos una gran cantidad de estrés. Cuando aceptamos la impermanencia vemos que nada ni nadie se queda igual. El embarazo es probablemente una de las mayores expresiones de la impermanencia, porque el cuerpo de la madre está en constante cambio. Ni un día de la totalidad de los nueve meses será o sentirá lo mismo. Como la vida misma el cambio es permanente. Tal vez tu bebé acaba de nacer, está llorando toda la noche, y estás experimentando la miseria de un sufrimiento por privación de sueño. En la comprensión de la impermanencia, entenderás que esta situación no va a durar toda la vida. Saber esto te permite aflojar el agarre tanto de lo malo y lo bueno. Esto no es sólo una idea bonita, es una verdad incontrovertible.

El tercer fundamento: causa y efecto

Muchos de nosotros apreciamos la ley de causa y efecto conceptualmente, pero no desde la experiencia. La verdad sobre la causa y el efecto es que cada acción que tomamos y cada pensamiento que pensamos, crea su propio efecto dominó. Además, lo que hacemos y lo que pensamos puede perpetuar cualquier experiencia, buena o mala. Si, como una nueva madre, estás estresada, cada pensamiento negativo alimentará la tensión y crea una espiral descendente. Si eres el compañero y te sientes molesto o irritado, cada grito sólo aumentará la tensión. Cuando nos vemos atrapados en el momento, tendemos a no tener la conciencia para ver el efecto de una emoción rebotada. Ciertamente, durante el embarazo, vale la pena ir más despacio, hacer una pausa y ser consciente de cuál es tu reacción; te puedes preguntar si actuarías de la misma manera si el bebé estuviera en tus brazos en vez de en tu vientre.

El cuarto fundamento: el sufrimiento

No es una palabra agradable y probablemente no es algo con que nos gusta identificarnos o asociarnos. Sin embargo, viviremos sufrimiento en algún momento de nuestra vida, independientemente de cuáles son nuestras circunstancias.  Esto no quiere decir que estamos haciendo algo mal, que la vida es injusta o que tenemos que cambiar nuestras circunstancias - es simplemente la condición humana. El estrés, la inseguridad, la ansiedad y la depresión afectan a todos. Esto puede parecer deprimente, pero en realidad es todo lo contrario. La persona que te diga que los primeros meses de ser padre son fáciles, en mi opinión, no está siendo del todo realista ni sincera. Sí, la recompensa es infinita y el sentimiento del amor incondicional es eterno, pero aún así, es un momento difícil. Suponiendo que no somos capaces de cambiar las cosas en el momento, nuestra resistencia hacia ellos sólo agrava la situación. ¡Nos preocupamos por sentirnos ansiosos, nos frustramos por sentirnos enojados, nos deprimimos por sentirnos tristes y nos estresamos por sentir estrés!

En el momento en que abrimos nuestras mentes y aceptamos que nos vamos a tener que enfrentar con pruebas y tribulaciones, la tensión disminuye, como cuando de repente alguien suelta la cuerda en un tira y afloja.






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AuthorJudith Janssen
Categoriesmeditación